Pocos personajes del siglo XX coreano generan tanto debate como Choi Hong Hi (최홍희). Para unos es el padre indiscutible del arte que hoy practican millones de personas. Para otros, una figura cuya autopromoción opacó los aportes de maestros contemporáneos. Esta choi hong hi biografia intenta moverse entre ambos extremos, sin santificarlo ni borrarlo, para entender por qué su nombre sigue siendo central setenta años después de aquella reunión de 1955 en Seúl.
Lo que sigue es un recorrido por su formación, su papel militar, la fundación de la International Taekwon-Do Federation y las polémicas que arrastró hasta su muerte en 2002. Sin leyendas doradas ni demonizaciones fáciles.
01De Hwa Dae al exilio: los años formativos
Choi nació el 9 de noviembre de 1918 en Hwa Dae, una pequeña localidad de la actual Corea del Norte, entonces bajo ocupación japonesa. De niño fue descrito como frágil y conflictivo, lo que llevó a su padre a enviarlo a estudiar caligrafía con el maestro Han Il Dong, quien también le enseñó Taekkyon (택견), un juego de piernas tradicional coreano que, aunque su influencia directa en el Taekwondo moderno está discutida, marcó su imaginario sobre lo nativo frente a lo importado.
En 1937 viajó a Japón para continuar sus estudios. Allí entró en contacto con el Karate Shotokan de Funakoshi Gichin y alcanzó el segundo dan. Este dato es clave: buena parte de la técnica que después codificaría tiene raíces directas en el Karate japonés, algo que durante décadas la narrativa oficial de la ITF prefirió suavizar. Reconocerlo no le resta mérito a Choi, pero sí matiza el relato de un arte nacido en aislamiento cultural.
Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado por el ejército imperial japonés. En 1944, tras participar en un movimiento de resistencia coreana conocido como el Incidente del Cuartel de Pyongyang, fue arrestado y encarcelado. La cárcel, paradójicamente, le dio tiempo para entrenar y reflexionar sobre un sistema marcial propio para una Corea que aún no era independiente.
02El general y la fundación del Oh Do Kwan
Liberado tras la rendición japonesa en 1945, Choi ingresó en el recién creado Ejército de la República de Corea. Su carrera militar fue meteórica: llegó a general de división y fue uno de los oficiales con mayor influencia durante la Guerra de Corea y la posguerra. Esta posición de poder será determinante para entender la expansión posterior del Taekwondo.
En 1953 fundó el Oh Do Kwan (오도관), el gimnasio del ejército, donde junto a Nam Tae Hi entrenó a soldados en un sistema que combinaba Karate Shotokan, elementos de Taekkyon y desarrollos propios. El Oh Do Kwan competía con otros kwan civiles de la época: Chung Do Kwan, Moo Duk Kwan, Song Moo Kwan, Ji Do Kwan y Chang Moo Kwan. La rivalidad entre estas escuelas, lejos de ser anecdótica, explica buena parte de las tensiones políticas que vendrían después.
031955: el nombre Taekwondo
El 11 de abril de 1955 una comisión de notables, militares y representantes de los kwan se reunió para elegir un nombre unificado para el arte marcial coreano. La propuesta de Choi, Taekwondo (태권도), fue aprobada. La elección no fue trivial: el término evocaba fonéticamente al Taekkyon nativo y permitía despegarse del Karate japonés en plena reconstrucción nacionalista.
La choi hong hi biografia suele detenerse aquí como en un acto fundacional limpio. La realidad es más enredada. Varios maestros de otros kwan han disputado durante décadas el grado real de consenso en aquella reunión, y algunos sostienen que el nombre se impuso más por la influencia política de Choi que por acuerdo técnico. Lo cierto es que el término se consolidó y desplazó a competidores como Tang Soo Do o Kong Soo Do.
El nombre no hace al arte, pero sí decide quién lo cuenta. Y en 1955, Choi tenía los micrófonos.
04La codificación: tules, sine wave y los 24 patrones
El aporte técnico más sustantivo de Choi fue la sistematización. Entre los años cincuenta y setenta desarrolló los tul (틀), los patrones formales que estructuran el currículum ITF. Son veinticuatro en total, número elegido para representar las veinticuatro horas del día, una vida frente a la eternidad. Cada tul lleva el nombre de una figura histórica coreana, desde Chon-Ji hasta Tong-Il.
La otra innovación discutida es el llamado movimiento sinusoidal o sine wave: una ondulación vertical del cuerpo destinada a generar potencia mediante el uso del peso corporal. Introducido en su forma madura en los años ochenta, el sine wave divide opiniones incluso dentro del mundo ITF. Sus defensores lo ven como un refinamiento biomecánico. Sus críticos lo consideran ineficiente para el combate real y una innovación tardía impuesta de forma vertical sobre escuelas que ya enseñaban de otra manera.
En 1972 Choi publicó la Encyclopedia of Taekwon-Do, una obra monumental de quince volúmenes que sigue siendo el texto de referencia para la rama ITF. Que un solo hombre firmara semejante sistematización es, también, parte del problema: consolidó su autoridad personal sobre el arte.
05El cisma: ITF, exilio y Corea del Norte
En 1966, Choi fundó en Seúl la International Taekwon-Do Federation, anterior a la World Taekwondo (entonces WTF), creada en 1973 bajo patrocinio surcoreano. La fractura entre la ITF y la WT no fue solo técnica, fue política.
Enfrentado al régimen de Park Chung Hee, Choi se exilió en 1972 y trasladó la sede de la ITF a Toronto. La ruptura definitiva llegó cuando, en 1980, encabezó una misión de demostración en Pyongyang, abriendo las puertas del Taekwondo a Corea del Norte. Para Seúl fue una traición. Para Choi, una manera de mantener el arte por encima de las divisiones de la guerra fría coreana. El gesto le costó el reconocimiento oficial en el sur durante décadas.
Dato curioso: a su muerte en 2002, Choi fue enterrado en el Cementerio Patriótico de Pyongyang, una decisión que aún hoy alimenta el debate sobre dónde quedó realmente su lealtad nacional.
06Legado y zonas grises
Evaluar a Choi Hong Hi exige sostener varias verdades a la vez. Sin él, probablemente el Taekwondo no se llamaría así ni tendría la estructura curricular que conocemos. Con él, el arte cargó con un personalismo que dificultó la unificación posterior y dejó cicatrices entre ITF y WT que siguen visibles.
Sus críticos señalan tres puntos recurrentes: la minimización de las raíces karatecas, la imposición del sine wave sobre escuelas consolidadas, y un estilo de liderazgo poco dado al consenso. Sus defensores responden con la Enciclopedia, los veinticuatro tul y una expansión internacional que pocos militares retirados podrían exhibir.
Una biografía honesta del general no necesita escoger un bando. Necesita entender que el Taekwondo moderno es, en parte, su criatura, y en parte, una respuesta colectiva a lo que él dejó sin resolver.
Para seguir profundizando, conviene contrastar esta lectura con las trayectorias de los otros fundadores de kwan y con la historia paralela de la Kukkiwon. Solo así la choi hong hi biografia deja de ser un monumento y se vuelve, finalmente, historia.