La historia del Taekwondo en Colombia se cuenta, sobre todo, a través de nombres propios. Maestros coreanos que aceptaron viajar a un país que no conocían, alumnos colombianos que entrenaron en garajes y polideportivos, y federaciones que tardaron en organizarse pero terminaron produciendo medallistas olímpicos. En este recorrido vas a encontrar las fechas clave, los pioneros que pusieron la primera piedra y los dojangs que sirvieron de cuna a generaciones enteras.
No es una crónica cerrada. Parte de la documentación temprana se perdió o quedó en archivos personales, y la convivencia entre las ramas ITF y WT añade matices que muchas veces se simplifican. Lo que sigue intenta ordenar lo verificable y señalar dónde la memoria oral todavía pesa más que el papel.
01Los años setenta: aterrizaje de los primeros maestros coreanos
La historia del Taekwondo en Colombia arranca de manera consistente a comienzos de los años setenta, cuando una primera oleada de instructores coreanos llegó al país siguiendo el mismo patrón que se dio en Argentina, Perú o Venezuela. Corea del Sur, en plena política de difusión cultural, alentó la salida de practicantes con grado avanzado hacia América Latina, y Colombia entró en ese mapa por una mezcla de oportunidad económica y contactos diplomáticos.
Los primeros entrenamientos no ocurrieron en escuelas formales sino en gimnasios prestados, salones parroquiales y patios de colegios. La estética era espartana: poco material, doboks importados con cuentagotas y un vocabulario coreano que los alumnos memorizaban por imitación. Charyeot (차렷), Kyeongnye (경례) y Junbi (준비) se repetían sin traducción, y el respeto al maestro funcionaba como única estructura pedagógica.
Es en este periodo cuando se siembra la diferenciación que marcará al país durante décadas. Algunos instructores traían formación bajo la Kukkiwon y el sistema Taegeuk, mientras otros habían sido alumnos directos del general Choi Hong-hi y enseñaban los tul de la ITF. Esa doble herencia explica por qué Colombia, a diferencia de otros países latinoamericanos, mantuvo siempre comunidades ITF y WT robustas en paralelo.
02El nacimiento de los dojangs fundacionales
A mediados de los setenta y comienzos de los ochenta empezaron a aparecer los primeros dojangs estables. Bogotá concentró la mayoría de las academias pioneras, con escuelas en barrios como Chapinero y Teusaquillo, donde la cercanía a universidades garantizaba un flujo constante de jóvenes interesados. Medellín y Cali siguieron de cerca, apoyadas por instructores que viajaban entre ciudades para dar seminarios y exámenes de grado.
Estos dojangs cumplían una función que iba más allá de lo deportivo. Eran centros de socialización donde se traducían manuales, se discutían reglamentos y se planificaban los primeros torneos internos. Muchos de los actuales maestros colombianos sexto, séptimo y octavo dan empezaron como niños en esas salas, formados por instructores que apenas hablaban español pero exigían disciplina absoluta.
En aquellos primeros años, conseguir un dobok original significaba esperar meses a que alguien viajara a Seúl. El cinturón negro se cosía a mano y se cuidaba como un documento.
03La consolidación federativa y la rama WT
La Federación Colombiana de Taekwondo, afiliada a lo que hoy es World Taekwondo, se constituyó formalmente en la segunda mitad de los años setenta y fue ganando reconocimiento institucional a lo largo de la década siguiente. Su tarea inicial no fue sencilla: unificar criterios de grado, organizar campeonatos nacionales y enviar delegaciones a competencias panamericanas exigía recursos que el deporte amateur colombiano apenas tenía.
El ingreso del Taekwondo como deporte de demostración en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 cambió la conversación. De pronto había una ruta clara hacia lo olímpico, y eso atrajo apoyo estatal, patrocinios modestos y una nueva generación de competidores enfocados en Gyeorugi (겨루기). Colombia comenzó a participar de forma regular en Panamericanos y Mundiales, sentando las bases de los resultados que llegarían en el siglo XXI.
La profesionalización trajo también tensiones. Los pumsae se estandarizaron según el sistema Taegeuk y los grados Dan empezaron a tramitarse directamente con la Kukkiwon, lo que dejó fuera del circuito oficial a buena parte de los practicantes formados en la tradición ITF.
04La presencia ITF: una historia paralela
Mientras la rama WT consolidaba su estructura federativa, la ITF mantuvo en Colombia una vida propia, sostenida por maestros que se negaron a abandonar los tul originales y la metodología del general Choi. Asociaciones regionales, escuelas independientes y vínculos con la sede internacional permitieron que la ITF nunca desapareciera, aunque su visibilidad mediática fuera menor.
Esta rama produjo competidores destacados en mundiales ITF y mantuvo viva una pedagogía que enfatiza la teoría del poder, la onda sinusoidal y los 24 tul. En ciudades como Bogotá, Bucaramanga y Pereira existen linajes ITF que se pueden rastrear hasta instructores fundacionales sin interrupción, algo poco común en la región.
La coexistencia entre ambas ramas no siempre fue amable, pero con los años se fue normalizando. Hoy es habitual que un practicante conozca la existencia de las dos vertientes y entienda que responden a proyectos históricos distintos antes que a una mera división burocrática.
05Del aula al podio: los frutos de medio siglo
La historia del Taekwondo en Colombia se mide también por sus resultados. Óscar Muñoz, medallista de bronce en Londres 2012, y la medalla olímpica posterior consolidaron al país como una potencia regional en la categoría WT. Detrás de cada uno de esos podios hay una cadena de maestros que se remonta directamente a los pioneros coreanos de los setenta.
La base de practicantes creció de manera sostenida. Según cifras de la federación, hoy existen miles de cinturones negros activos en el país, repartidos entre clubes municipales, ligas departamentales y academias privadas. El Taekwondo entró en programas escolares, en cajas de compensación y en proyectos sociales en zonas vulnerables, multiplicando su alcance más allá del alto rendimiento.
Ese crecimiento no borra los desafíos. La formación de maestros con grados altos sigue dependiendo en buena medida de viajes a Corea o a sedes regionales, y la documentación histórica del periodo fundacional todavía está dispersa en archivos privados.
06Lo que queda por escribir
Reconstruir la historia del Taekwondo en Colombia es un trabajo en curso. Faltan biografías de los primeros maestros, recopilaciones de fotografías de los dojangs originales y entrevistas con los alumnos que vivieron esa transición desde adentro. Cada club regional guarda un pedazo del relato.
Si entrenas en una escuela colombiana, pregunta por el linaje de tu maestro. Probablemente, en tres o cuatro saltos hacia atrás, llegues a uno de esos coreanos que se bajó de un avión en El Dorado sin saber muy bien qué encontraría. Esa cadena es la verdadera historia, y vale la pena conservarla.